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jueves, 24 de mayo de 2012

José Celestino Mutis


José Celestino Mutis
(José Celestino Bruno Mutis y Bosio; Cádiz, 1732 - Santafé de Bogotá, 1808) Médico y botánico español que figura entre los más destacados iniciadores del conocimiento científico en el Nuevo Mundo.
José Celestino Mutis estudió medicina y cirugía en el Colegio de Cirugía de su ciudad natal, que fue un centro de renovación médica a la vanguardia de la ciencia aplicada en España. Sin embargo, como dicha institución no estaba autorizada a otorgar el grado de bachiller en Artes y Filosofía, Mutis tuvo que terminar su carrera en la Universidad de Sevilla. Una vez concluidos sus estudios, se vinculó, durante cuatro años, al Hospital de Cádiz.
Se interesó entonces por la astronomía y la botánica, disciplinas en las que tuvo por maestros a Jorge Juan de Santacilia para la primera y a Domingo Castillejo y Miguel Barnades para la segunda. En realidad, en su período de formación, Mutis tuvo excelentes preceptores: Jorge Juan fue, junto con Antonio de Ulloa, el gran pionero del redescubrimiento científico de América, y Barnades fue el protagonista del renacimiento de la ciencia botánica en la Península. Cuando Mutis recibió el título de médico del Real Proto-Medicato de Madrid, contó con la tutela de Andrés Piquer, la mayor eminencia de la medicina española de la época.
Mutis se desempeñó como suplente de la cátedra de anatomía del Hospital General de Madrid y perfeccionó sus conocimientos botánicos en el Jardín del Soto de Migas Calientes. En 1760 rechazó una beca de especialización en París y partió para América como médico particular del recién nombrado virrey Pedro Messía de la Cerda, pues entendió que en el Nuevo Continente podría consagrarse como científico, dedicándose especialmente al conocimiento de las quinas. Deseaba desentrañar algunas de sus incógnitas, establecer sus reales propiedades curativas, sus limitaciones terapéuticas y sus potencialidades económicas. En los primeros años de su vida en Santafé, abrigaba la idea de viajar a Loja, en la provincia de Quito, para cumplir con tales investigaciones.
José Celestino Mutis partió de España rumbo a América el 7 de septiembre de 1760, y llegó a Santafé el 24 de febrero de 1761. El impacto del trópico fue grande, pues a cada paso se encontraba con una novedad botánica o zoológica. También le sorprendió el ambiente cultural y social: la educación superior era una copia de las instituciones educativas metropolitanas, especialmente de la contrarreformada Universidad de Salamanca, y se hallaba encomendada a las distintas órdenes religiosas (Santo Tomás a los dominicos, Javeriana a los jesuitas, Agustiniana de San Nicolás de Bari a los agustinos) o al clero secular (Nuestra Señora del Rosario). La pedagogía que se infundía en las escuelas y seminarios era heredera del Concilio de Trento de 1530 y estaba centrada en el aristotelismo y la escolástica tardía, sin ninguna explicación científica de la realidad.
Desde que Mutis desembarcó en Cartagena se preocupó por adelantar observaciones astronómicas, recolectar plantas con las que fue formando un herbario, comprobar gran parte de lo consignado en obras escritas sobre América y estudiar la quina. Al año y 17 días de su llegada a Santafé, sentó las bases de la revolución científica e ideológica en el Virreinato de la Nueva Granada cuando, en el discurso inaugural de la cátedra de matemáticas del Colegio Mayor del Rosario, expuso los principios elementales del sistema de Copérnico: fue la presentación de una nueva metodología, la del eclecticismo, y de una novedosa actitud ante el mundo y la vida, que significaba el abandono del fanatismo y la credulidad, para entrar en los terrenos de la física de Newton.
En ese empeño por modernizar las estructuras mentales de los criollos neogranadinos, Mutis se enfrentó con los sectores tradicionales de aquella sociedad estamental, y en especial con los dominicos. Así, en 1773, se declaró copernicano ante el virrey Manuel Guirior, en 1774 se le siguió causa, que fue archivada, y en 1801, tuvo que volver a defenderse, todo un escándalo para la hipócrita y pacata sociedad de la época.
Una de las consecuencias de la exposición de la teoría heliocéntrica de Copérnico fue que, después de la expulsión de los jesuitas en 1767, la Corona tuvo que llenar de alguna manera el vacío cultural e ideológico que dejaron los padres de la Compañía de Jesús. En ese contexto el fiscal y doctor Francisco Antonio Moreno elaboró un Plan de Estudios en el que se creaba una universidad pública y unos estudios generales; la base ideológica para tales planteamientos fue el discurso inaugural de Mutis en la capilla de La Bordadita.


Para conocer mas sobre José Celestino Mutis entra aqui: "http://www1.urosario.edu.co/la_universidad/historia/mutis/"

Fray Cristóbal de Torres


Fray Cristóbal de Torres

Eclesiástico español (Burgos, 7573 Santafé de Bogotá, julio 8 de 1654), arzobispo de Santafé de Bogotá, fundador del Colegio Mayor del Rosario. Hijo de Juan de Torres y de Agueda de Motones, a los dieciséis años se ordenó como dominico. Regentó las cátedras de Artes y Teología en el Convento de San Pablo de Burgos, y de Teología en San Pedro Mártir de Toledo; fue maestro de estudiantes en San Ildefonso el Real de Toro. En 1625 alcanzó el magisterio y fue prior de su Convento de Burgos y definidor en el Capítulo Provincial de Toro. En 1614 recibió una amonestación por un sermón sobre la Virgen, que causó escándalo y motivó su salida de Córdoba. En 1617 fue nombrado predicador real de Palacio por el cardenal arzobispo de Sevilla Diego de Guzmán, cargo en el que fue confirmado por Felipe IV. Fue consejero espiritual del "favorito" del rey don Francisco de Sandoval y Rojas, primer duque de Lerma. En 1626 dio el pase para la impresión de la obra Política de Dios, Gobierno de Cristo y Tiranía de Satanás, de Francisco de Quevedo y Villegas, hecho que motivó que Quevedo, en 1633, le dedicara a fray Cristóbal su tratado La Cuna y la Sepultura, para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas. Cuenta el biógrafo de Torres, fray Alberto E. Ariza, O.P.: Vacante la sede metropolitana del Nuevo Reino de Granada por muerte del arzobispo D. Bernardino de Almansa, el rey Felipe IV designó a fray Cristóbal para Arzobispo de Santafé, el 2 de abril de 1634. Los escogidos para acompañarlo en su nueva misión fueron su hermana Ana María, viuda de Juan de Castellanos; sus sobrinos Roque y Juan Bravo, clérigo el primero y capitán el segundo, doña María Bravo de Torres y su prima Doña María de Isla. También viajaron en su séquito el médico Rodrigo Enríquez de Andrade, don Cristóbal de Aguilar y el licenciado Rodrigo Cerbeleón Santa Cruz. Llegó a Cartagena de Indias entre julio y agosto, y allí, en el templo de Santo Domingo, recibió el sagrado palio, de manos del obispo fray Luis de Córdoba y Ronquillo. En Cartagena se amplió su comitiva con los religiosos Miguel de las Cuevas, don Bartolomé del Río y Portillo, el provincial dominico fray Mateo de Valenzuela y el prior de Cartagena, maestro fray Alonso Hinestrosa Bordas.
Debido a las grandes prerrogativas que el patronato real había otorgado a los presidentes, las relaciones de éstos con la Iglesia no eran nada fáciles. El antecesor de fray Cristóbal, don Bernardino de Almansa, había tenido una guerra sin cuartel con el presidente don Sancho Girón de Narváez y con don Martín de Saavedra y Guzmán, quienes fueron apoyados por los jesuitas. Para la fiesta de Corpus Christi, en junio de 1636, Torres escribió una obra que tituló Lengua Eucarística del hombre bueno, exposición de la doctrina del Angélico Santo Tomás de Aquino sobre la Eucaristía. Durante esta celebración, el sermón de un jesuita sobre la comunión de los indios impresionó a fray Cristóbal de tal manera que procedió a convocar una junta de estudio sobre el fomento de ésta. Fruto de los trabajos de la junta, el arzobispo decretó el 25 de noviembre de 1636 una censura por el abuso tan pernicioso que está entablado en las Indias, principalmente en este Reino, de negar la comunión a los indios, casi generalmente, aun en la hora de la muerte. Torres ordenó preparar a los indios para la comunión y examinar (ayudado por los jesuitas Coluccini y Dedal) a los doctrineros en ciencia eclesiástica y lengua indígena, para dejar en cada pueblo un catecismo en idioma indígena y averiguar la validez del bautismo de los adultos. Tan importante fue su labor que el canónigo de Santafé escribió: El señor don fray Cristóbal de Torres, que gobernó este Arzobispado, el año 1636, esto es, cien años después de la conquista, fue el primero que se resolvió a dar la Comunión a los indios. En agradecimiento, los indígenas de Gachancipá le obsequiaron una mitra hecha de paja. El arzobispo apoyó con cien pesos anuales al Asilo de Beneficencia, fundado por el presidente Saavedra y Guzmán. En 1638, como "auxilio al Estado", envió 5000 pesos al gobernador de Guayana, don Diego López de Escobar, que sufrió saqueo de los ingleses, y costeó el viaje de Francisco Vargas Maldonado y Juan Bravo de Torres, sus sobrinos, para que fueran en ayuda del gobernador. En 1640 el arzobispo fundó la Botica para Indigentes, costeando de su peculio los sueldos del médico (350 pesos),, del cirujano (200 pesos) y del barbero (60 pesos). Su generosidad fue considerada como largueza por el presidente, quien lo acusó ante el rey pidiéndole que ejerciera control sobre el arzobispo.
El rey Felipe IV le dio el nombre de "Restaurador del Santísimo Rosario", título que apreciaba más que el de arzobispo de Santafé, debido a su inmensa devoción que lo llevó a introducir el rezo a coros del Santísimo Rosario, costumbre que se extendió a toda España. Sobre el tema dejó escritas dos obras: El Ave María (seis tomos en folio) y Cuna mística. Para perpetuar la memoria, bautizó su colegio con el nombre de Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Respecto a la fundación del Colegio del Rosario, su biógrafo fray Alberto Ariza dice: Apenas llegado fray Cristóbal a su sede, capta la situación de la cultura. La Universidad de Santo Tomás, la primera del Nuevo Reino, si bien está erigida con anuencia de Su Majestad [...] viene entrabada por la Compañía de Jesús que anhela para su Academia javeriana, fundada el 23 de junio de 1623, la categoría de Universidad. Su mente se ilumina con una idea redentora: la fundación de un Instituto de Estudios Superiores, libre de litigios. Tal Instituto ha de ser una réplica del "Colegio del Arzobispo", de la ciudad de Salamanca, bajo la guía del angélico doctor santo Tomás de Aquino. El 1 de abril de 1645, fray Cristóbal de Torres protocolizó su proyecto, que ratificó el 4 de julio; erigió el Colegio, lo puso bajo la dirección de sus hermanos de hábito y designó como rector al aragonés fray Tomás Navarro. El 28 de diciembre de 1653 fue inaugurado el Colegio; el 17 de enero de 1654 se protocolizaron los documentos pertinentes de la fundación. A propósito, la crónica de la fiesta del Rosario en 1855 dice: El Ilustrísimo Señor Don Fray Cristóbal de Torres, Arzobispo de esta Diócesis (de 1635 a 1655) [sic] fundó un Colegio en Bogotá poniéndolo bajo la protección de Nuestra Señora del Rosario. La Reina de España, Doña Margarita de Austria, bordó con sus propias manos una pequeña imagen en aquella advocación, y obsequió con ella al fundador, su antiguo director espiritual, quien la colocó en un altar distinguido del Colegio, y desde entonces hasta ahora que todavía se conserva, se le ha denominado "La Bordadita", patrona del establecimiento. Fray Cristóbal de Torres murió a los 80 años, el 8 de julio de 1654.